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Inversión Magnética ¿Fin del mundo el 29 de julio?

Una vez más se anuncia el fin del mundo. En esta ocasión, por cortesía de la inversión de los polos magnéticos de la Tierra. ¿De verdad puede ocurrir? ¡Pues sí!

El centro de la tierra tiene dos partes: una interna, sólida, y otra externa líquida. El flujo de calor hace que el hierro y níquel líquidos se muevan desde el centro, que está a casi 6 mil grados centígrados, hacia la periferia del núcleo, que está más “fresca”: unos 3,500 grados. Este movimiento, combinado con la rotación de la tierra, convierte a nuestro planeta en un enorme dinamo -o “geodinamo”- que amplifica el campo magnético posiblemente generado por el núcleo sólido o, en un pasado remoto, por el sol.

Este campo magnético, que es como si un colosal imán estuviera inclinado unos diez grados sobre el eje de la Tierra, es el que orienta nuestras brújulas y el que, al interactuar con el viento solar, genera las asombrosas auroras boreales y australes (por cierto: el polo norte geográfico es el polo sur del imán).

Sucede que, gracias a la investigación geológica, se ha descubierto que, a causa de la propia dinámica de los líquidos, el campo magnético, después de debilitarse, ha cambiado su orientación de 1 a 5 veces cada millón de años. Actualmente se ha detectado un debilitamiento en el campo, y la última inversión ocurrió hace 786 mil años. Así que... ¿ya toca?

La llamada “Anomalía del Atlántico Sur” parece ser un síntoma de que sí.

Si esto ocurriera, los científicos no están seguros de qué pasaría. Probablemente, mientras el campo magnético está débil, entrarían a la tierra partículas de alta energía y aumentarían los niveles de radiación, lo que podría provocar problemas en los sistemas de comunicación, redes eléctricas y, en los seres vivos, desorientación, mutaciones y, según algunos, la extinción de especies. Sin embargo, el Homo Erectus, nuestro ancestro, aún sin gran capacidad tecnológica, sobrevivió tranquilamente a la última vez, al igual que muchas de las especies que existen actualmente, por lo que difícilmente significaría el “fin del mundo”.

Quienes estudian este fenómeno aseguran que, aunque podría ocurrir durante nuestras vidas, es imposible predecir cuándo sucederá, y menos señalar un día específico: el proceso puede durar más de 100 años. Y, si nuestra atmósfera logra protegernos, lo único afectado podrían ser los sistemas de navegación. Así que si tenías planes, todavía no los canceles ¡CuriosaMente!

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