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Pareidolia: ¿Por qué vemos cosas que no existen? - CuriosaMente 41

Estudio Haini presenta…

¡Jesús en una tortilla! ¡La Virgen María en un queso asado! ¡La madre Teresa de Calcuta en un rol de canela! ¿Es posible que estos seres espirituales se manifiesten de esta deliciosa manera?

Entonces¿por qué un perro tendría el poder sobrenatural de aparecer en una puerta, y una figura, ejem, “curiosa”, de darle forma a un rábano? ¿será? ¿O será más bien que son formas creadas por el azar y nosotros las interpretamos como algo conocido?

No se trata de ilusiones ópticas, eso es otra cosa. Sucede que los seres humanos tenemos una capacidad asombrosa llamada “pareidolia”, que nos permite distinguir con rapidez figuras conocidas, sobre todo rostros. Nuestro cerebro tiene una región llamada Área Fusiforme Facial, especializada en el reconocimiento de caras. Es un mecanismo tan rápido y eficaz que, una vez que identifica un rostro, es prácticamente imposible dejar de verlo, por mucho que la razón insista en que eso no es una persona.

Esto no es un defecto, sino una adaptación evolutiva que nos ha permitido sobrevivir. Distinguir en décimas de segundo, y sin pensarlo, entre la cara de un amigo y de una fiera puede salvarnos la vida. Reconocer a nuestros hijos o a nuestros padres es esencial para formar lazos de protección mutua, y saber de inmediato si lo que estás diciendo está complaciendo o disgustando a tu pareja ¡es importantísimo para la conservación de la especie!

La pareidolia es el mismo fenómeno que hace que encontremos formas en las nubes, o que los antiguos, con más tiempo libre que nosotros, vieran animales y seres mitológicos en las constelaciones.

Como prueba de que las representaciones no están ahí, sino que son nuestras mentes las que les dan sentido a figuras accidentales, mira los cráteres de la Luna. Los norteamericanos ven la cara de un hombre, los europeos a una persona con una pesada carga a la espalda, los chinos, el perfil de una hermosa diosa y los taoístas un sapo. En Nueva Zelanda es una doncella sentada. En Latinoamérica vemos un conejito de perfil, y los japoneses también ven un conejo, pero haciendo pasteles de arroz. Lo que muestra que lo que vemos está fuertemente influenciado por nuestra cultura.

La pareidolia es una forma de apofenia, que es la tendencia general que tenemos los seres humanos de percibir patrones o significados a partir de datos aleatorios. Se trata de una capacidad muy útil: necesitamos darle orden y explicación a lo que sucede en la realidad. Si algo nos distingue a los humanos es que le damos sentido a todo, pero muchas veces creemos erróneamente que ese sentido está ahí, en las cosas, cuando somos nosotros quienes lo construimos.

Encontrar estos patrones puede ser inofensivo, y hasta divertido. Ver un rostro en una montaña de Marte es inevitable. Pero asegurar que se trata de las ruinas de una civilización extraterrestre y que las fotos de esa misma montaña con otra iluminación son parte de una conspiración para ocultar la verdad… es un caso de apofenia desbocada. O cuando se toca una canción al revés…  seguro no entiendas nada, pero si te digo que escuches la frase “Hoy cena galletas y mañana a merendar”,  estoy “primando” tu mente y la próxima vez que la oigas la pareidolia entra en acción… y con la apofenia al volante hasta puedes llegar a pensar que el cantante lo hizo a propósito con quién sabe qué oscuras intenciones.

A estos fenómenos mentales no los podemos eliminar, pero sí podemos estar atentos y darnos cuenta de cuándo ocurren para evitar que dominen nuestro pensamiento y nuestra conducta. Porque el escepticismo es parte importante de nuestra sana y curiosa mente.

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