¿A quién se le ocurrió inventar la escuela?

¿Cuál es el origen de la escuela tal y como la conocemos? ¿Y por qué la escuela es así? ¿Las escuelas existirán para siempre? ¿Puede ser la escuela de otra manera?

Aunque biológicamente somos prácticamente iguales que en la prehistoria, el ser humano se ha desarrollado como especie gracias a que comparte el conocimiento, entre pares o de una generación a otra. Los primeros hombres y mujeres se congregaban a compartir lo que entendían del mundo: cómo poder sobrevivir, qué cosas de la naturaleza había que observar, qué normas sociales había que seguir. El aprendizaje es tan antiguo (o más) que la humanidad, pero la escuela es mucho más reciente.

Antiguedad

En las civilizaciones más antiguas la educación estaba destinada exclusivamente a las clases superiores, su intención era formar a los futuros sacerdotes, guerreros y monarcas y los estudiantes eran hombres (salvo algunas excepciones) Aunque había maestros. aquí todavía no podemos hablar de una escuela: no había grupos de estudiantes.  En las culturas prehispánicas de América, en China, India, Egipto y Persia los maestros eran en su mayoría sacerdotes y mezclaban el conocimiento religioso con conocimientos de matemáticas, comercio y astronomía. Pero la escuela como la conocemos en la actualidad es descendiente de la cultura griega. Los padres enviaban a sus hijos (hombres) con profesores privados a aprender música, literatura y gimnasia. Los hijos de artesanos luego aprendían el oficio de sus padres, mientras que los más ricos podían seguir estudiando retórica, filosofía o política, historia o artes.

La palabra griega skholè, al contrario de lo que podrías pensar, significa "ocio, tiempo libre", y es la raíz de la palabra latina "schola", que da origen a “escuela”: el lugar en donde se enseña. Así es: la idea era dedicar el tiempo en el que no se trabajaba a aprender a partir de la contemplación, la diversión y el descanso del cuerpo, dedicándose al desarrollo de las ideas.  En Grecia se buscaba preparar al hombre que busca sabiduría y virtud. 

Platón, por ejemplo, brindaba un espacio para discutir ideas y lo hacía mientras paseaba con sus discípulos en un huerto de olivos dedicado al héroe Akademo: por eso su escuela se llamó “Academia”. No se parecía a la idea que nosotros tenemos de una escuela, pues no era un lugar formal, con horarios establecidos, ni se practicaba con los más pequeños y por supuesto, estaba negado el acceso a las niñas y mujeres. Su discípulo Aristóteles continuó esta tradición de aprender paseando, por eso a su escuela se le llamó “peripatética” o “paseadora”.

Edad media

Más adelante, en la Edad Media, la enseñanza la tomó la Iglesia. En los monasterios se educaba a los nobles en conocimientos del trivium: gramática retórica y lógica; y el quadrivium: aritmética, astronomía, geometría y música; mientras que los plebeyos sólo aprendían religión, y lo hacían en los templos: en las paredes se colocaban cuadros y vitrales con escenas de vidas de santos y lecciones morales para los que no sabían leer (que eran casi todos). Lo mismo sucedió en el renacimiento y la ilustración: la verdadera educación estaba destinada a los nobles.

Revolución Industrial y la primera escuela obligatoria

En la Alemania del Siglo Dieciocho, ante el inicio de la revolución industrial y las inminentes guerras, Federico el Grande se vio la necesidad de educar a gran cantidad de la población. Así surgió la Escuela Prusiana, la primera escuela gratuita y obligatoria, y el modelo que siguen muchas escuelas tradicionales actuales. Los profesores recibían entrenamiento y pago del estado, y todos los niños debían asistir siguiendo un sistema de niveles o grados. Este modelo ha sido criticado por priorizar la obediencia por sobre el pensamiento crítico, formando más bien trabajadores y soldados que espíritus creativos, pero también fue el  primero en incluir a las niñas y reducir significativamente el analfabetismo.

1800

Por eso fue imitado en otros países. En 1852, Horace Mann llevó este modelo a los Estados Unidos y poco a poco se adoptó prácticamente en todo el mundo. 

Hasta 1822 aparece la primera escuela privada destinada a las masas: La Compañía Lancasteriana. Para abaratar los costos, tenía un método en el que el profesor elegía a los estudiantes más listos (llamados monitores), a quienes daban la lección y ellos después la repetían grupos de  10 ó 20 niños; había también un inspector, que vigilaba a   los monitores, recogía los útiles escolares y premiaba o castigaba a los alumnos que le decía el maestro. El maestro se colocaba en una plataforma, los niños en bancos y había  un telégrafo para que el maestro avisara a los inspectores o monitores sobre el ritmo de aprendizaje. Había cuadros de honor, cuadros negros, y ¡hasta orejas de burro! ¿Te suena? Algunas características de este modelo, similar a la producción en serie, han llegado hasta nuestros días. 

¿Realmente sirve la escuela?

Es cierto que la escuela sirve para adquirir conocimientos que serán útiles a la hora de conseguir un empleo estable y una vida digna, pero ¿qué pasa con la formación de personas que buscan el desarrollo del pensamiento y del espíritu crítico? Muchos pedagogos, como María Montessori, John Dewey, Matthew Lipman o Lev Vygotski, han destacado el papel tan importante que tiene el diálogo, la reflexión, la inclusión, la experimentación en la formación de la persona; del individuo.

Ahora las escuelas más innovadoras buscan ser espacios, no de enseñanza, sino de aprendizaje en donde entre todos se pueda aprender a través del juego, de la alegría y del asombro. Las escuelas deberán ser lugares en donde los que ahí estén se sientan seguros de ser quienes son, de compartir sus ideas y de acceder al mundo. El profesor ya no es el eje central del aprendizaje, sino el facilitador que promueve entre las y los estudiantes la posibilidad de construir conocimiento y desarrollar el potencial que cada uno de ellos tiene. 

También los “salones” se han ido transformando. El conocimiento es algo tan fantástico que no puede encerrarse entre cuatro paredes. Se puede aprender casi en cualquier lugar y a través de casi cualquier cosa: una canción, la observación de la naturaleza, un libro o el valioso relato de un adulto mayor.  Los niños pueden aprender en un recorrido en el bosque, en una gran biblioteca, en botes de un río. La escuela debe apelar a la sorpresa, a la emoción por el aprendizaje y al placer del conocimiento. 

¿Cómo serán las escuelas del futuro?

No lo sabemos. Quizá la escuela, tal como la conocemos, desaparezca gradualmente para dar lugar otro tipo de escuela: una conectada con el resto del mundo, en donde los estudiantes se sientan contentos y dispuestos, en donde no se trate de asistir obligatoriamente a un cuarto cerrado, porque ya estamos en un momento en donde todos podemos aprender de los demás, en donde la tecnología nos permite otros modos de acceder a la información, porque lo que debe predominar es la posibilidad de compartir ideas y de construir nuevos significados.

¡CuriosaMente!

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