¡El mundo no es como lo pintan!

¿Por qué los mapas tienen el norte arriba? ¿Cómo se puede representar una esfera en un plano? ¿Son confiables los mapas? ¿De dónde salió la división Oriente-Occidente?

¿Si te dijera que el plano del mundo que has conocido toda tu vida no es correcto? ¡Los mapas están equivocados! El mundo no es como lo pintan.

Para empezar, algunos aspectos del Mapamundi que damos por sentados, son completamente arbitrarios.

Estamos acostumbrados a ver a América a la izquierda y a Asia a la derecha. A toda esta parte le llamamos “Oriente” y a esta otra “Occidente”. Pero el mundo es una pelota, y su superficie no tiene orillas; así que para los americanos, Asia queda hacia el occidente, y Europa al Oriente. Lo que pasa es que hemos adoptado una convención en la que Europa queda en el centro del mapa. Y claro, como ellos diseñaron los mapas…

Y es que cada civilización ha tenido la manía de creerse el centro del mundo. El primer “mapamundi” lo hicieron los babilonios por el año 500 antes de Cristo. Y por supuesto que Babilonia está en el centro del mapa. Los chinos le llaman a su país Zhongguó ¿qué crees que significa? “El país de enmedio”. Y en la Edad Media, cuando el cristianismo despuntaba, se pintaban los tres continentes conocidos en torno a Jerusalén.

A partir del siglo XV se explora todo el mundo y los mapas se vuelven más exactos. En la actualidad, gracias a las imágenes satelitales y otros avances tecnológicos, el mapa de la superficie de la Tierra es prácticamente exacto… excepto cuando lo tenemos que representar en un plano.

Si dibujas un cuadrado pequeño en una naranja, notarás que tiene una curvatura, pero tan pequeña no importa mucho. Podríamos dibujar un mapa plano de esa “parte del mundo” sin problemas. Pero si ese cuadrado es más grande, te darás cuenta de que es imposible dibujar una línea realmente recta en una superficie esférica. ¿Cómo convertir la esfera en un mapa plano, en un “planisferio”? Si pelas la naranja para convertir la cáscara en un plano, te darás cuenta de que las figuras o se despedazan o se deforman.

La solución a la que han llegado los cartógrafos es hacer lo que se denomina “proyecciones”. Y se pueden hacer de muchas maneras. En el siglo XVI el geógrafo Gerardus Mercator inventó la proyección más conocida que usamos hasta ahora. Proyectó matemáticamente las figuras de la esfera en un cilindro. Este método conserva las formas de los continentes, pero no las áreas. Los países cerca del ecuador se achican en comparación con los que quedan lejos del ecuador. Hace parecer que Groenlandia, por ejemplo, es tan grande como todo el continente africano, cuando en realidad representa una fracción muy pequeña de su área. La proyección de Gall-Peters respeta los tamaños relativos. Si tienes tiempo, visita “thetruesize.com”, que es un mapa interactivo donde puedes comparar el tamaño real de tu país con el de otros países del mundo.

Como la de Mercator y la de Gall-Peters, hay muchos tipos de proyecciones: todas privilegian algún aspecto, pero sacrifican otro: ninguna está libre de error.

La manera como se construyeron nuestros mapas, como tantas otras convenciones, se debe a la conjunción de tecnología, política y casualidad.

Por ejemplo ¿por qué el Norte está arriba? Si la Tierra está en el espacio, donde no hay arriba ni abajo, los mapas podrían estar en cualquier dirección. Los primeros mapas egipcios, por ejemplo, tenían el sur arriba, seguramente porque les parecía lógico que el Nilo, que corre de Sur a Norte, fluyera de arriba a abajo. Igual que en antiguos mapas musulmanes: la mayoría vivían al norte de la meca, así que La Meca (el sur) debería estar arriba. En algunos mapas medievales, lo que está arriba es el oriente, donde se pensaba que estaba el paraíso. Si el Norte acabó arriba fue porque Ptolomeo, un geógrafo greco-egipcio del siglo primero, posiblemente usó la estrella polar para hacer la proyección (cónica) de su mapa. Ptolomeo fue el primero que trazó las líneas de longitud y latitud. Este sistema fue abandonado por mucho tiempo, pero cuando llegó la Edad de la exploración, los navegantes y cartógrafos como Enrique Martelo o el mismo Mercator, encontraron útil el sistema de Ptolomeo. Y como la imprenta se acababa de inventar, la idea de “¡Arriba el Norte!”, se propagó rápidamente. Y si de paso eso dejaba a las naciones poderosas en una posición “superior”, pues no se iban a quejar.

Una de las proyecciones más recientes y más interesantes es el Authagrafo, diseñado por el arquitecto japonés Hajime Narukawa: es fiel tanto a los tamaños de las áreas como a sus formas. Y además de que se puede armar en mosaico para reflejar la continuidad del globo, tiene la ventaja de que no le da la “superioridad” a ningún país. ¡Curiosamente!

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